EL CASTRO

Vista general del Castro Chao Samartín desde el Museo.

Vista general del Castro Chao Samartín desde el Museo.

VISITA VIRTUAL CASTRO

EDAD DEL BRONCE

Alrededor del año 800 a.C., en la parte más alta del promontorio del Chao Samartín y junto a la gran roca, un grupo de personas levantan una gran cabaña comunal (55 m2), que a su vez delimitan y protegen con una potente empalizada de madera de unos 4 m. de anchura.

Algunos estudiosos han querido ver en estas primeras estructuras unos marcados caracteres cultuales y no domésticos, dados los hallazgos que en este espacio se produjeron en el curso de las excavaciones arqueológicas.

EDAD DEL HIERRO. CULTURA CASTREÑA

En Asturias, a partir del siglo VII a. C. y hasta su incorporación a la órbita del mundo romano, comienzan a surgir y desarrollarse un nuevo tipo de poblado fortificado, los castros.

Se situarán en lugares geoestratégicos del territorio, es decir, en aquel territorio donde puedan controlar y explotar los recursos, materias primas, defensa y comunicaciones que les permita su desarrollo.

Los castros se defienden fundamentalmente con fosos y murallas, delimitando y protegiendo un recinto donde se levantaran las casas y otras estructuras de uso comunal.

En algunos castros, como es el caso del Chao Samartín, las murallas presentan un rasgo singular, están realizadas en tramos independientes y yuxtapuestos o “módulos”. Este tipo de murallas fueron definidas por primera vez por el arqueólogo y profesor Dr. José Luis Maya González, en los años 80 del siglo pasado.

Los modelos de casas de este periodo son variados, desde las de planta rectangular de esquinas redondeadas hasta las circulares, espacio único y sin compartimentar, muros construidos con piedra (pizarra y cuarcita) y techumbres en materia vegetal.

La plaza abierta y cubierta, el edificio balneario (ya de época romana) y las calles enlosadas son, entre otros, las infraestructuras comunales más importantes del poblado.

ÉPOCA ROMANA

La llegada de los romanos al castro supone importantes cambios y novedades, que se manifestarán en las estructuras y en los objetos recuperados de ese momento. Algunos reflejos de esta nueva situación, es la llegada de objetos y productos de importación de tierras lejanas, la incorporación de nuevos hábitos y costumbres, el uso de la escritura y la moneda, la compartimentación de las viviendas, la cubrición de las techumbres con pizarra o la construcción de una gran casa al más puro y clásico estilo romano: la Domus.

Este poblado, la antigua Ocela, verá su final repentino a mediados del siglo II de nuestra era.

EDAD MEDIA

Entre el siglo VII y X y en el espacio dónde estaba situada la antigua domus romana, se ubica una necrópolis donde hombres, mujeres y niños buscaron su último descanso entre las ruinas del antiguo poblado. Es el último eco histórico de relevancia de este montículo amesetado sobre el río Cabalos.